ABLANDAR ARCILLA DURA

Ablandar arcilla dura

Desde tiempos remotos el hombre ha recurrido a usar los diversos materiales que le brinda la naturaleza: madera, piedra o barro; con ellos, concibe variadas formas o los transforma en objetos elaborados.

Gracias a esto, el hombre se percató de la utilidad que poseen ciertos tipos de barro, con los cuales puede elaborar cosas que después de ser secadas al sol o a fuego, conservan la forma que se les ha dado desde el principio.

Los objetos son hechos unas veces con fines ornamentales, por el simple placer de disfrutar de ellos; en otras ocasiones, son concebidos para satisfacer necesidades propias del acontecer diario.

Un barro prodigioso: la arcilla

La arcilla se nos presenta desde los orígenes de la humanidad como un preciado regalo que recibe el hombre de su entorno natural, del ambiente que le rodea. Es un material que le permite resolver muchas dificultades.

Alfarería, construcción, escritura, arte, estética y salud son muchos de los aspectos en los que la arcilla ha jugado papel preponderante en el desarrollo de la civilización.

Entre todas las propiedades que posee este maravilloso material, una de las m√°s importantes resulta ser la plasticidad que adquiere al ser combinada con un poco de agua: nos permite darle la forma que se nos ocurra.

Por diversas razones, la arcilla preparada puede endurecerse, lo que obliga a la disposición de métodos prácticos que nos permitan imprimirle la maleabilidad requerida para su manipulación.

Ablandar arcilla dura: un balde con agua puede ser la solución

Cuando la arcilla se deja descubierta se endurece como una roca, inclusive si no se ha metido al horno. Cuando esto ocurre, da la impresión de que la arcilla quedará con esa forma permanentemente.

Ese estado de endurecimiento ocasionado por el secado natural se puede revertir gracias a la porosidad de la arcilla; esta característica le permite absorber agua con mucha facilidad.

No siendo intensivo el proceso de rehidratación, esta no se lleva a cabo instantáneamente; se requiere de varios días para que la arcilla retome la elasticidad y pueda ser utilizable nuevamente.

Para hidratar la arcilla con este método procedemos de la forma siguiente:

  • Colocamos la arcilla dentro de un balde.
  • Agregamos agua al balde hasta cerciorarnos de que la arcilla ha sido totalmente cubierta por el l√≠quido.
  • Dejamos la arcilla sumergida en el agua por unos dos o tres d√≠as para permitirle absorber suficiente l√≠quido.
  • Durante este tiempo evitamos revolver o agitar la arcilla.
  • Verificamos el estado de la arcilla: una vez que tenga un aspecto pastoso en el fondo del envase, ser√° ese el indicador de que ya est√° lista.
  • La sacamos del recipiente y la extendemos sobre un lienzo.
  • La hoja de lienzo donde se va a colocar la arcilla debe estar en un sitio aireado, en el exterior y a la sombra. Se coloca el material rehidratado sobre el lienzo con el objeto de que pierda el exceso de agua de la mezcla.
  • Se esparce con mucho cuidado sobre el lienzo, procurando suavizar la capa superior para evitar que se formen durezas en la superficie de la masa.
  • Se debe dejar la arcilla sobre el lienzo al aire libre por unos d√≠as, para permitir que seque solo hasta que haya adquirido la consistencia deseada que permita utilizarla de nuevo.

Trocear la arcilla también es un recurso para ablandarla

Puede ocurrir que a la arcilla le falta sólo un poco de humedad; en este caso podemos recurrir a otra técnica para reintroducirle líquido y hacerla más maleable:

  • Se corta la arcilla dura en trozos.
  • Colocamos los pedazos de arcilla dentro de una bolsa herm√©ticay a√Īadimos una cucharada de agua.
  • Agitamos fuertemente la bolsa con su contenido arcilloso.
  • Con un rodillo o con un martillo de goma aplanamos los trozos de arcilla.
  • Se repite el proceso hasta unir completamente el agua y la arcilla.
  • Para mejorar la textura, se a√Īade un poco de arcilla nueva.

Imprimir calor a la arcilla para ablandarla

Si optamos por aplicar este método, debemos ser cuidadosos, porque el exceso de calor puede provocar la pérdida de humedad, con lo que obtendríamos una arcilla carente de elasticidad.

El calor moderado y controlado consiente que la arcilla se suavice, se ablande. Ello ocurre porque el calor excita las moléculas que conforman la materia de la arcilla, provocando movimientos erráticos en estas.

La flexibilidad que adquiere la arcilla al aplicarle calor deviene del hecho de que la actividad molecular crea espacios para el aire y el movimiento de este, lo que genera la blandura del material.

Lo m√°s recomendable al escoger esta forma de ablandar la arcilla es utilizar las manos desnudas para amasarla y transmitirle el calor de nuestro cuerpo o hacer uso de una pistola de calor a baja temperatura.

La arcilla revolucionó el mundo antiguo

Muchos han sido los descubrimientos que han impactado y revolucionado la existencia del ser humano a lo largo de los siglos; no por nada, el de la arcilla se cuenta entre uno de los m√°s grandes.

La revoluci√≥n provocada fue tal que le ¬īpermiti√≥ al hombre desarrollar la fabricaci√≥n de utensilios para contener, transportar y cocer los alimentos, adem√°s de permitirle guardar y almacenar s√≥lidos y l√≠quidos.

La versatilidad de la arcilla permite, adem√°s, su uso en diferentes √°mbitos de la vida. Por ejemplo, ha intervenido en la:

  • Edificaci√≥n de viviendas m√°s seguras.
  • Elaboraci√≥n de productos est√©ticos y medicinales.
  • Producci√≥n de adornos, ornamentos y atav√≠os.
  • Fabricaci√≥n de tablillas para la escritura.
  • Manufactura de armas de caza y guerra.
  • Construcci√≥n de puentes y v√≠as de comunicaci√≥n.

Evitar antes que ablandar

Podemos prevenir el endurecimiento de nuestra arcilla, con lo que es posible conservar sus propiedades √ļnicas, tales como el color, la consistencia y la fortaleza de este material.

Solo tenemos que envolver la arcilla en un trozo de plástico y preservar en un envase cerrado herméticamente. A la hora en que necesitemos una porción, sacar solo la que vamos a necesitar.

No es conveniente mezclar masas viejas con masas nuevas y, de ser posible, evitar combinar arcillas de diferentes marcas.

Todas estas previsiones nos permitir√°n ahorrar tiempo y dinero.

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